Entrevista – Héroes de héroes


Crónica.com.ar visitó en Lanús una de las pocas fábricas de trajes de bomberos del país. Su dueño, Fabián, sacó adelante el negocio gracias a la ayuda de su familia y nos contó cómo es el proceso de producción de las prendas.

Después de trabajar seis años en una empresa importadora de equipamiento de seguridad, Fabián Schiavone decidió comenzar su propio emprendimiento y se convirtió en dueño de una de las pocas empresas del país que fábrica trajes y equipamiento para Bomberos.

Con una pila de papeles y una Biblia en el escritorio, Fabián recibió a Crónica.com.ar en su negocio de Lanús, donde trabajan su mujer, su cuñada, su suegro, dos de sus cinco hijos y varios empleados.

“Arranqué de cero, de la nada. Empecé comprando y distribuyendo y con el tiempo comenzamos a fabricar nosotros mismos. Visité cuarteles de bomberos a los que nunca había ido, me llamaron y empezamos a vender“, relata a Crónica.

Fabián explica que con el tiempo y gracias a la “modernización” a los cuarteles les resulta mucho más fácil recaudar plata para equipar a sus voluntarios como deben. “Ahora tienen algunos subsidios y más acceso al dinero”, relata.

Sin embargo no siempre fue así: “Los bomberos de Adrogué hacían todos los viernes un baile para juntar plata y después me preguntaban ‘¿qué tenés para vender?’. Iba y me daban una pila de plata de todo lo que habían juntado. Hay cosas que viví que no se olvidan. Este trabajo me dio una llegada muy importante con los bomberos”.

La fabricación de los trajes comienza y termina en el negocio ubicado en la calle Mendoza de Lanús. El primer paso es cortar la tela. De eso se encargan Víctor y Fabián que trabajan hace varios años en el negocio, utilizando moldes de distintos tamaños y dos máquinas enormes. Los ayuda Américo, suegro del dueño y jubilado.

Una vez cortado, el material va al piso de abajo donde Ezequiel, hijo de Fabián, es responsable de bordar los escudos e identificaciones, dependiendo del cuartel al que se vayan a entregar.

Ya finalizado ese proceso, las prendas van a un taller de costura externo donde se unen las distintas piezas del traje, y una vez terminado vuelven a la fábrica donde Susana se encarga de dejarlos perfectos, sin ningún hilo suelto.

Cuando los trajes ya están impecables, Fabián y su familia se encargan de entregar personalmente los pedidos en cada cuartel.

El traje más vendido es el estructural, utilizado para combatir incendios en edificios y lugares cerrados. Pueden ser negros o marrones y están hechos de una tela externa ignífuga -resistente al fuego- y forrado con una barrera térmica. Los puños están hechos con el mismo material y son a prueba de cortes. Los pantalones vienen con tiradores y refuerzos en las rodillas. Ambas partes llevan tiras reflectivas para poder ser vistos a distancia.

Para la cabeza se utiliza una capucha y un casco con visor y tela protectora de nuca. Las botas tienen punta de acero y los guantes están hechos de cuero con puño y costuras ignífugas.

Después de tres años de mucho trabajo, Fabián y su familia lograron sacar el negocio adelante y convertirse en una empresa rentable. Hoy en día proveen de equipamiento al 20 por ciento de los 740 cuarteles que hay en el país.

“Ser bombero es como ser de San Lorenzo”

Para Fabián esto no es sólo un negocio. Gracias a este trabajo tuvo la oportunidad de hacerse amigo de varios bomberos y pudo verlos actuar: “Es algo que tenés que ver. Yo lo presencié cuando fui a Córdoba a visitar un cuartel, de repente empezó a sonar la alarma y empezaron a llegar todos de contramano, en moto, en auto, corriendo, en bicicleta y se desesperan por llegar primeros y salir con la primera dotación. Es un sentimiento muy fuerte”.

“Viven para eso. Es una cosa que no se puede explicar. Como yo soy fanático de San Lorenzo, ellos son fanáticos de ser bomberos. Es una pasión. Entregan su vida sin ningún problema“, explica emocionado.

Además, Fabián asegura que una gran parte del negocio es la “honestidad” ya que sabe que quienes trabajan en los cuarteles lo hacen de forma voluntaria.

“A veces me cuentan que le pagan a otras empresas y nunca les llega la mercadería. Yo no lo puedo entender”. “Para mí un bombero es un ser humano con corazón que está todo el tiempo pensando en los otros. Están esperando que suene la sirena para ir a ayudar a alguien”, relata.

Por Sofía Crotti